Fotografía de César Cerón
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martes, 18 de marzo de 2014
ÚTERO INFINITO
Aquel pequeño lo tenía decidido: jamás saldría de allí. Nunca nacería. Sólo flotaría en la inmensidad de aquel infinito saco de líquido amniótico. Se perdería en las oscuras aguas de su universo uterino, espacio elemental a la altura del más grande de los océanos, descendiendo hasta las oscuras fosas placentarias donde nunca llega la luz. Y así, mezclándose con las criaturas abisales que habitan en lo más profundo de los mares femeninos, sería inmortal. Porque los que no nacen, los que nunca alcanzan la superficie, tampoco pueden morir.
jueves, 20 de diciembre de 2012
PROFECÍA DE LA RATA MUERTA
Una rata muerta en mitad del camino señaló con su rabo tu destino…
Una ciudad oscura, una calle solitaria, una maraña de gente indiferente que te mirará sin ver tu cara. Te creerán muerto aunque sigas fuera del cementerio, pero muertos ya viven ellos, sin saberlo. Un cartón y una manta tirados en la acera tejerán la alfombra que, algún día, dará la bienvenida a la guadaña. Y cuando los gatos, subidos en lo más alto de algún tejado o alguna antena, maúllen a la noche la mala nueva (¡el vagabundo de turno ha muerto!, ¡abridle un hueco entre las estrellas!), tu vida habrá acabado sin que nadie, ni tan siquiera, sienta ante tu adiós ni alegrías ni penas.
Una ciudad oscura, una calle solitaria, una maraña de gente indiferente que te mirará sin ver tu cara. Te creerán muerto aunque sigas fuera del cementerio, pero muertos ya viven ellos, sin saberlo. Un cartón y una manta tirados en la acera tejerán la alfombra que, algún día, dará la bienvenida a la guadaña. Y cuando los gatos, subidos en lo más alto de algún tejado o alguna antena, maúllen a la noche la mala nueva (¡el vagabundo de turno ha muerto!, ¡abridle un hueco entre las estrellas!), tu vida habrá acabado sin que nadie, ni tan siquiera, sienta ante tu adiós ni alegrías ni penas.
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