viernes, 6 de julio de 2012

LA CARTA

Estimado señor Currito:

Como prueba del reconocimiento a su alto rendimiento, compromiso y dedicación en todas aquellas tareas que se le encomiendan, tengo el placer de comunicarle que hemos decidido incluir su nombre en el ERE que esta empresa se dispone a llevar a cabo al amparo de la nueva legislación aprobada por el actual gobierno de España. Como consecuencia inmediata de esta medida, a partir de mañana prescindiremos de sus servicios de manera vitalicia.

Cuando usted lo estime oportuno (ya conoce el lema de nuestra empresa: “sin prisa, pero sin pausa”), puede pasarse por mi despacho para recoger su última nómina y concederme la satisfacción de estrechar su mano por última vez. Y le digo esto con todo el sentido de la expresión, ya que esperamos no volver a verle el pelo ni en pintura. Se acabó, coja la puerta, márchese y no vuelva por aquí jamás.

Aprovecho la ocasión que me brindan estas líneas para ponerle al tanto de que, tal y como dicta la nueva ley, no va usted a cobrar ningún tipo de indemnización ni compensación por los posibles perjuicios derivados de la situación que atraviesa actualmente nuestra empresa. Contamos de antemano con su comprensión y humanidad para entender que todo esto no es buen trago para nadie y que, no lo dude, no procederíamos así en caso de que estuviera en nuestras manos, que lo está, y quisiéramos hacerlo, que no queremos. Este ERE, digan lo que digan quienes quieran decir lo que quieran, es ahora su problema y no el nuestro. Así que comprenda y trague, porque esto es lo que hay.

En el hipotético e improbable caso de que usted se mostrara en desacuerdo con las condiciones de su despido, le invito a llevarnos a juicio y a perder todo el tiempo y el dinero que usted quiera (o se pueda permitir, que ya sabemos que es poco) enredándose en farándulas de abogados, sindicatos y demás chusma del folclore obrerista. Con la mejor de las intenciones y en su propio beneficio, le anuncio que nuestros abogados siempre estarán mucho mejor pagados que los suyos y, como es natural, se los merendarán antes de que puedan enterarse de dónde se han metido.

Me despido de usted no sin antes agradecerle todos estos años de obediencia, sumisión y resignado sacrificio en su empeño por dejarse la piel, la salud y su tiempo en nuestro propio beneficio. Gracias, gracias, gracias.

Reciba un cordial saludo y nuestro más sincero agradecimiento por habernos lamido el culo mejor que lo haría un perrito faldero.

Atentamente, el hasta ahora amo y señor de su alma.


PD. ¿Recuerdas aquel ascenso que tanto te costó conseguir? Ahora, igual que llegó, se esfuma como la ceniza de un cigarrillo… ¡Qué irónica es la vida! Lo mejor de todo es que volverías a repetirlo todo, paso por paso, si te diéramos otra oportunidad. Por cierto, ¿la quieres?